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lunes, 25 de enero de 2010

""Para refundar Haití tenemos que pensar en grande": académica


Surgen las redes sociales haitianas, pese al soslayo de organismos mundiales, dice Susy Castor

Suben de nivel las críticas al presidente René Préval por su ausencia y falta de liderazgo


Blanche Petrich
Enviada

Periódico La Jornada
Lunes 25 de enero de 2010, p. 25

Puerto Príncipe, 24 de enero. Reconstruir, o más bien reinventar Haití. Sí, pero qué tipo de país queremos refundar: una nación bajo tutela internacional o una donde los haitianos tomemos las decisiones. Esta es la disyuntiva hoy, reflexiona la historiadora Susy Castor, dirigente de la Organización Política en Lucha y fundadora del Cresfed, el think tank haitiano.

Pero no sólo ella le da vueltas al tema. Muchos viven estos días un proceso intenso de análisis y discusión: líderes políticos de oposición, intelectuales, profesionistas de todas las ramas, cuadros técnicos, todos sueñan en voz alta. Todos aportan ideas para darle forma al Haití que debe renacer de sus ruinas. La coalición Alternativa Patriótica para el Progreso y la Democracia prepara ya una propuesta, trabajando intensamente para consensuarla con el mayor número de fuerzas sociales y políticas del país.

Hasta ahora, la imagen que se transmite en el exterior invisibiliza la voz y la presencia de los haitianos en el escenario de la catástrofe. En la gigantesca operación de ayuda mundial la sociedad haitiana no es tomada en cuenta como interlocutora, nadie nos pide opinión sobre decisiones que están tomando desde sus centros de poder, lamenta la académica, que durante años vivió en México y trabajó en la UNAM.


El gran despliegue de agencias internacionales

Esta forma de ignorar a la sociedad haitiana en las estrategias de la emergencia es evidente en la ciudadela que se levantó desde hace días en un espacio de bodegas cerca del aeropuerto. Es el centro de operaciones de decenas de agencias internacionales; casetas con aire acondicionado, carpas de excelente factura, jeeps y miles de lap tops, teléfonos satelitales y todo tipo de gadgets de última generación. La Cruz Roja y la Media Luna, Unicef, el PNUD, Programa Mundial de Alimentos, y una larga lista de siglas más desplegaron aquí enormes contingentes.

Mientras, en las calles y callejones, en medio de los damnificados, las redes sociales que se conformaron espontáneamente desde el primer momento del terremoto se organizan un poco mejor cada día y luchan denonadamente por resolver problemas de logística, abasto, comunicación. La coordinación con los cooperantes internacionales es muy deficiente y no siempre es fácil reunir las piezas necesarias para hacer eficiente el esfuerzo humanitario. Un ejemplo: una donación importante de medicinas de la misión mexicana encuentra un transporte para ser movilizada. Pero el Ministerio de Salud no tiene capacidad para recibirla, almacenarla o distribuirla. Estos insumos tan urgentes siguen esperando en una bodega.

En ese medio suben cada día de nivel las críticas al presidente René Préval por su ausencia y falta de liderazgo.

Por eso, en un primer comunicado, la Alternativa saludó, en primer término, la sabiduría del pueblo haitiano, que supo mantenerse de pie mientras el Estado se hundía.


Una cocina que también es un war room

Susy Castor, que no para un minuto en su trabajo hormiga para unir los hilos de esta sociedad en marcha, destaca: Los primeros cuatro días después del terremoto este pueblo se movilizó. Como pudo, sin herramientas, rescató víctimas de los derrumbes. La comunidad internacional tardí días en reaccionar. Y sin embargo, los gobiernos y las instituciones de cooperación no consideran al pueblo como protagonista. Reconoce: Esto se debe, en parte, a que nosotros los haitianos todavía no somos protagonistas ni ante nosotros mismos. Todavía no logramos esa gran unidad de todos los sectores para hacer fuerza. Pero esto ya está ocurriendo, ya la estamos tejiendo. De ahí debe surgir nuestra propuesta para el futuro.

Por lo pronto, adelanta algunos trazos de su visión. Para refundar Haití tenemos que pensar en grande. No podemos, no debemos permitir una reconstrucción miserabilista. Lo que salga de aquí debe ser algo grandioso. Ésta es nuestra oportunidad. No hay que desaprovecharla.

La hospitalaria mesa de la cocina de Susy es un centro de trabajo y lluvia de ideas constante. A cualquier hora se dejan caer aquí importantes figuras de la vida diplomática, política y social de Haití. Se debate y piensa en colectivo. Se expresan opiniones muy críticas, no sólo por la falta de liderazgo del presidente René Préval, sino también por la responsabilidad que tienen las agencias internacionales en los cuellos de botella que impiden una acción más eficaz. Se comentan los incidentes que ponen en evidencia las fricciones entre los grupos, en particular los cuatro dominantes: Estados Unidos, Canadá, Francia y Brasil.

Castor no coincide con quienes consideran la participación de los militares estadunidenses como una ocupación. “No creo que se pueda definir así –puntualiza–, pero sí es verdad que su despliegue es innecesario.” Para para muchos haitianos de a pie esto es evidente ante el espectáculo de las unidades de marines moviéndose sin ton ni son en la ciudad, incluso estorbando.

Otras opiniones consideran que con el ejército estadunidense actuando en el terreno no habrá ninguna coordinación posible. El Pentágono, recuerdan, impone y controla, rara vez soluciona algo y nunca consensúa con nadie.

“En momentos así necesitamos de toda la ayuda posible y urge que todos se coordinen –insiste Castor–. Esto no puede ser un esfuerzo voluntarista, nosotros no tenemos los recursos materiales y técnicos que urgen.

No hay que olvidar que no sólo son los gobiernos los que están ayudando sino también los pueblos de todo el mundo. Sólo con una buena comunicación entre todos puede lograrse pasar lo más pronto posible de la etapa de la sobreviviencia a la aplicación de soluciones de fondo”.

Y destaca la forma como los gobiernos cubano y venezolano han trabajado al margen de las esferas de influencia de Estados Unidos, Canadá y Francia. A Cuba todos tendrían que reconocerle que su cooperación desde el principio marcó la diferencia.

A Castor, que también dirige la Fundación Gerard Pierre Charles y forma parte de la academia del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), le preocupa sobre todo el proceso de construcción de ciudadanía como un contrapeso a los actores políticos y militares en este operativo sin precedentes en el mundo. Por ahora, hay que decirlo, los sectores de la sociedad civil y de la clase política estamos dispersos. Y el Estado está ausente. Hay que empezar a reorganizar todo esto.

Concluye con una afirmación contundente: este pueblo tiene resortes para responder, levantarse y avanzar. No los ven desde afuera. Pero aquí están. Aquí estamos.

Obtenido el 25 de enero de 2010 de: http://www.jornada.unam.mx/2010/01/25/index.php?section=mundo&article=025n1mun

jueves, 21 de enero de 2010

El periodismo en México desprotegido y en peligro



En Colombia –país de donde el gobierno de Felipe Calderón importa políticas y tácticas de combate al crimen organizado– costó mucho tiempo y muchos muertos comprender que la prensa ayuda a mantener el control social sobre las fuerzas armadas y a revelar la penetración del crimen organizado en las instituciones públicas y privadas. Sin embargo, en México se sigue desprotegiendo, cuando no hostigando a los periodistas, dice en entrevista la relatora especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Catalina Botero.


J. Jesús Esquivel


WASHINGTON.- El asesinato de periodistas a manos del crimen organizado es un problema creciente en México, y la respuesta básicamente militar del gobierno aumenta el riesgo que corren los comunicadores, asegura Catalina Botero, relatora especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

“La respuesta militar del Estado al problema del narcotráfico puede convertirse en un problema mayor, porque la mayoría de los ejércitos que no han sido entrenados en la lógica de derechos humanos piensan en términos amigo-enemigo”, dice Botero en entrevista con Proceso.

La relatora de la CIDH afirma que en el continente hay mucha preocupación por los asesinatos y las desapariciones forzadas de periodistas en México, igual que por la falta de disposición del gobierno para brindarles más protección.

“El problema que está enfrentando México es probablemente uno de los más importantes para la libertad de expresión que tenemos en toda la región”, sostiene Botero, quien antes de llegar a la relatoría fue magistrada auxiliar en la Corte Suprema de su natal Colombia, donde también dirigió la Oficina Nacional para la Promoción de los Derechos Humanos.

“Cuando el ejército piensa así, bajo los términos amigo-enemigo, el que escribe contra ti es tu enemigo, y si es tu enemigo es amigo de tu enemigo, por lo tanto es narco”, explica.

De esta forma, “el periodista no sólo termina siendo el blanco del narcotráfico, de la criminalidad organizada y de las mafias, sino también el blanco de quienes los están combatiendo. Y sobre todo cuando el periodista además investiga los abusos de derechos humanos que se cometen en esa lucha”, puntualiza.


Protección necesaria

La tortura y asesinato de Valentín Valdés Espinosa, reportero del diario Zócalo de Saltillo, que ocurrió el jueves 7 presuntamente a manos del narcotráfico, provocó que la relatora Botero hiciera un nuevo llamado urgente al gobierno de Felipe Calderón:

“La Relatoría Especial exhorta a las autoridades mexicanas a fortalecer en forma urgente los cuerpos de investigación abocados al esclarecimiento de esta clase de crímenes, e insta al Estado mexicano a crear mecanismos especiales de protección que respondan en forma adecuada y efectiva a la grave situación de riesgo que sufren los periodistas en ese país, particularmente en la zona de la frontera norte”, dice el comunicado de prensa que emitió la oficina de Botero el lunes 11.

La relatora de la CIDH subraya que el crimen organizado necesita la clandestinidad para funcionar y crecer. “Los principales enemigos de la clandestinidad son los periodistas, los buenos periodistas, los periodistas que no tienen miedo, que hacen periodismo de investigación y alertan a la sociedad sobre la existencia de las mafias”, apunta.

La situación de la prensa mexicana que investiga y difunde la problemática del narcotráfico, dice Botero, empeora cuando los periodistas dan a conocer los abusos a los derechos humanos que cometen las fuerzas de seguridad encargadas de combatir a los criminales.

Esa situación es particularmente peligrosa: “Ahí el periodista está perdido, está en el peor de los mundos”, enfatiza Botero.

Con la excepción de Colombia, en los países de América Latina no existen mecanismos necesarios y eficientes para brindar protección a los periodistas, comenta.

“En Colombia costó mucha sangre y, de alguna manera, una fuerte presión internacional para que el Estado reconociera la importancia de crear un Comité de Protección de Periodistas, al cual hay que invertirle mucho dinero”, señala.

–¿Existe en este momento una presión internacional para que en México se conforme un comité como ése? –pregunta el reportero.

–Hay que entrenar a todas las fuerzas de seguridad para que abandonen la teoría amigo-enemigo y entren en una teoría de lucha contra la criminalidad en un Estado democrático.

En la opinión de Botero, en el contexto del combate militarizado contra el narcotráfico como el que se realiza en México, la importancia de la prensa radica en que ayuda a establecer controles sociales para que el Estado rinda cuentas en materia de defensa de los derechos humanos.

“Uno no puede afrontar esa lucha con las mismas reglas criminales con las que actúan los narcotraficantes, y la única manera en que no haya abusos es que haya controles. Y el principal control es el que da la prensa”, enfatiza.

La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH ya le ha planteado al gobierno de Calderón la necesidad de crear un comité para la protección de periodistas en México. Botero dice que incluso el gobierno federal recientemente le informó que se evalúa la posibilidad de crearlo, aunque no hay fechas establecidas.

En Colombia, el Comité para la Protección de Periodistas actúa rápidamente cuando recibe un aviso de que está en riesgo la integridad física de un informador:

“Se envía a las fuerzas de seguridad a crear cordones de protección para el periodista y su familia. Tienen la orden de hacer todo lo que se tenga que hacer y eso obviamente cuesta una fortuna. Es claro que mantener las libertades en un conflicto como el que se está viviendo en México cuesta plata, pero eso es lo que cuesta la democracia”, dice Botero.


Duro aprendizaje

La relatora Catalina Botero confiesa que su labor es muy ardua porque es difícil convencer a los gobiernos de que deben hacer algo similar o igual a lo que hizo Colombia para defender a la prensa.

“Para el caso de México, esperamos que se fortalezca la fiscalía para la protección de periodistas (la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra Periodistas, de la Procuraduría General de la República), ya que creemos que es importante evaluar si esa fiscalía en este momento tiene capacidad institucional para actuar; porque la situación merece unos cuerpos de investigación que puedan actuar de manera rápida, sólida, eficiente y técnica”, señala.

No se trata de una necesidad secundaria, aclara la relatora especial:

“Entendemos la situación de un país acosado por una mafia de ese tamaño, pero nosotros creemos que una de las prioridades del Estado mexicano tiene que ser la defensa de los periodistas y de la prensa.”

El reportero le pide su opinión a Botero sobre el efecto que tiene en la prensa mexicana un caso como el asesinato de Valdés Espinosa.

–La autocensura es la condición para que el crimen organizado se desarrolle, pero además para que logre permear a otras instituciones: a las privadas y a las públicas. El silencio, el secreto, cuando la sociedad no habla sobre ese tema, genera el clima perfecto para que el crimen organizado pueda cooptar a las otras instituciones.

–¿Cuánto tiempo le costó a Colombia entender la importancia social de proteger a la prensa que estaba amenazada por el narcotráfico?

–Muchos años y muchos muertos, pero ya está (aprendida) esa experiencia.

–¿A México le está costando entenderlo?

–Yo creo que el Estado mexicano necesita hacer un esfuerzo mayor para entender la importancia de la libertad de expresión, sobre todo en estas circunstancias. Eso no es un lujo, a la delincuencia no sólo se le combate con armas, sino también haciendo público lo que sucede; controlando las decisiones de la administración y poniendo en alerta a la sociedad donde eso está pasando.

La relatora especial para la Libertad de Expresión de la CIDH visitará México en las próximas semanas para volver a plantearle directamente al gobierno de Felipe Calderón la urgente necesidad de que se brinde una mayor protección a los periodistas y para exigir el esclarecimiento de asesinatos como el del reportero Valdés Espinosa, del periódico Zócalo.

Proceso
18/01/2010

Obtenido el 21 de enero de 2010 de: http://www.expresionlibre.org/site2/nacional/noti_2313.php

Estamos peor que en 1910, dice villista de 109 años


Arturo Rodríguez García

MONTERREY, NL., 15 de enero (apro).- Para Juan Carlos Caballero Vega, uno de los últimos combatientes vivos de la Revolución Mexicana, de nada sirvió la sangre derramada porque hoy, víctimas de políticos rateros y del mal gobierno, existe hambre y desolación en todo el país.

“Estamos rumbo del carajo, no vamos nada bien. Todo por culpa de éste hombre, el presidente Calderón. Estamos peor que en 1910, hace cien años la gente de alguna forma tenía para comer en el campo.

“Hoy, eso se acabó, ya no hay campo y en las zonas urbanas hay hambre y desolación; por eso, la gente tiene que organizarse para luchar contra el mal gobierno, contra sus políticos que son unos rateros, ahí tenemos el ejemplo del gobierno de Nati (Natividad González Parás, exgobernador de Nuevo León)”, indicó.

Con 109 años de edad, viviendo en un modesto asilo de ancianos al pie del Cerro de La Silla, Caballero Vega es lúcido. Ha sido objeto de documentales y reportajes sobre su participación en el ataque a Columbus de 1916, donde participó teniendo 15 años de edad.

Y a pesar de sus cataratas, está informado de lo que ocurre en estos tiempos: lo mismo critica la situación económica que la reforma energética, pues afirma que lee periódicos y escucha noticiarios, porque “son las injsuticias las que nos tienen en pie y atentos a lo que sucede”.

Lo que sucede no le gusta.

“De nada sirvió tanto esfuerzo, tanto sacrificio de tanta gente en la Revolución Mexicana de 1910, estamos peor y por eso, hay que dar la batalla; la gente tiene que organizarse para defender sus derechos, nuestras familias, sus trabajos, su vida… si no nos defendemos, no valemos un cacahuate. Hay tantas cosas en común de aquel tiempo con el de ahorita”, dice.

Molesto aun por la reforma energética que impulsó el gobierno de Felipe Calderón:

“Los gringos no tienen porque decirnos cómo debemos de organizarnos para vivir, ellos no deben de intervenir para nada en nuestra vida nacional.

“Y luego si lo hacen ¿para qué estamos? Para qué están los jóvenes? Ahora resulta que el petróleo va a ser de los gringos, que son los que mandan… pues hay que levantarnos, protestar, pelear y si no hay quien, pues nosotros los viejos, seguro que sí. Y como decíamos en aquellos tiempos: ¡hasta el último cartucho!”.

El veterano revolucionario afirma que los ideales de la Revolución se perdieron por culpa de los políticos, a quienes califica como los peores enemigos del pueblo:

“Nos dimos en la torre por estos méndigos y todo para qué. Estamos del carajo por culpa de los políticos que son nuestros peores enemigos, y estoy hablando de todos”, dice.

El último Dorado

Con 1° grado de temperatura, el patio del Asilo “Días Ordaz”, del Club de Leones está desolado. El hielo formado durante la noche, persiste en la superficie de cubetas y tambos para almacenar agua.

Empalmado con prendas percutidas, la mañana del 6 de enero, “Don Carlitos”, como le dicen en el asilo, está contento. Ese día van a partir de la rosca de Reyes y lo va a visitar una vecina que le prometió llevarle “una ropita que ya no usa”.

En su cuarto, desde una fotografía, Caballero y Villa, parecen observar el desorden de cobijas revueltas, prendas amontonadas, las sobras de comida en mal estado.

El 24 de junio, Juan Carlos Caballero cumplirá 110 años de edad. Hasta donde sabe, sus hijos y varios nietos han muerto. De sus descendientes, cree que viven en Estados Unidos, pero hace unos 20 años dejó de tener contacto con ellos.

En 2009, el entonces gobernador Natividad González Parás, hizo una ceremonia y entregó reconocimientos a quienes han pasado los 100 años de edad. Caballero Vega recibió una presea por eso, pero no por su participación en la lucha armada.

Se le recuerda el homenaje y dice sobre el político regiomontano:

“Nada más digame qué hizo ese Nati. No hizo nada y nosotros que luego andamos ahí nomás de tontos”, se reprocha.

Agrega:

“Muchos compañeros de lucha han muerto, yo creo que todos. Ya nomás yo quedo, pero sí hay más, estamos en el olvido. Yo entré a los 14 años con mi general Francisco Villa y mire, con tantos años que tengo, dónde estoy”.

Obtenido el 21 de enero de 2010 de: http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/75604

lunes, 28 de diciembre de 2009

No pude darme el lujo de ser hippie de tiempo completo: Helena Rojo


  • Mística y frívola me parece una buena combinación, asegura en entrevista

  • En una clase con Carlos Ancira fue cuando dije "quiero ser actriz"

  • Considera espantoso que una mujer sea bonita y estúpida

  • "No sé si soy optimista o desvergonzada... pero trato de disfrutar todo lo que hago"


LUCY OROZCO/ESPECIAL

Helena Rojo no sólo es un rostro bello y una buena actriz; tampoco es ese tipo de personas con las que uno trabaja feliz sólo porque llega temprano a los llamados y con su presencia eleva el rating. Es enigmática y misteriosa como la esfinge. Posee la mesura, la modestia, la generosidad, la solidaridad y la lealtad, en dosis tan exactas, que siempre parece estar en perfecto equilibrio: parece ser la armonía personificada. A mi manera de ver los únicos rasgos que delatan su vulnerabilidad son tres: fuma compulsivamente, ríe con sonoras carcajadas y cuando sufre llora a mares.

Helena vive con Benjamín su marido, su nieta Vania, y Kothán, el hijo de Benjamín. La casa es el refugio al que acuden de vez en cuando sus tres hijos, quienes viven fuera de la ciudad, pero no es raro visitarla sorpresivamente y encontrar que tiene la casa llena, porque han venido a verla todos sus hijos y nietos.

-Por lo que veo, para ti la familia es muy importante.

-(Enciende un cigarro y responde) Es lo más importante, para ellos vivo y trabajo. Adoro a mis hijos y a mis nietos y me gusta mucho la vida familiar. No puedo ni siquiera imaginarme qué sería de mí si no los tuviera. Todo el tiempo estoy pendiente de ellos aunque sea por vía telefónica, son el mejor regalo.

-¿Cómo te ves a ti misma; bonita, inteligente o buena actriz y en qué orden?

-¡Qué ocurrencias de ponerle gradiente a esos calificativos! En principio, me considero inteligente para unas cosas y para otras no tanto.

-O sea que primero te consideras inteligente...

-Es que la inteligencia puede ser bella, de hecho una persona inteligente es bonita.

-Pero ¿hay gente inteligente que es horrorosa, no lo niegues?

-(Carcajadas) Bueno, tal vez sea cierto, lo que sucede es que generalmente yo le encuentro atractivo a las personas inteligentes.

-¿Qué tanto te ha favorecido en tu carrera ser bonita? Porque una cosa es que prefieras ser inteligente y otra es la que te convino...

-Yo creo que de alguna manera hay una estética que los demás han visto en mí, pero...

-Dime la verdad, ¿te sientes bonita sí o no?

-No, y eso es un problema, tal vez porque soy muy exigente.

-Y malagradecida... ¿no?

-Tienes razón, cuando veo al resto de la gente pienso que no estoy tan mal...

-Entonces te miras al espejo y ¿qué te dices?

-Que no estoy tan perdida.

-Tú dices que prefieres la inteligencia, ¿pero no te preocupa que los hombres prefieran a las bonitas?

-Tal vez, pero si me das a elegir, yo prefiero la inteligencia porque la belleza se marchita y la inteligencia se puede cultivar cada vez más. Debe ser espantoso que una mujer sea bonita y estúpida.

-Pero también hay Alzheimer... la inteligencia también tiene sus riesgos.

-Caray, déjame una salida y ten un poco de cortesía con tu entrevistada.

-Ya que prefieres la inteligencia, seguro que tienes un gran sentido del humor. ¿eres divertida?

-No, no soy divertida. Creo que a veces me paso de seria, hasta mi nieta Samantha me dice: ¿Por qué diario estás tan seria, abuela? Entonces reflexiono y pienso: Caray, a veces me tomo la vida demasiado en serio y debería reírme un poco más. En ocasiones soy depresiva.

-Cuéntame algo de tu infancia.

-Nací en la ciudad de México, en la colonia Industrial y crecí en la colonia Nápoles. Tengo dos hermanas, vivíamos con mi papá, mi mamá y mi abuela materna que eventualmente pasaba largas temporadas con nosotros. Ella fue un personaje muy importante en mi vida porque fomentó mis fantasías infantiles. Lo interesante de mi niñez es que no existían tantos juguetes como ahora y tenías que emplear tu imaginación. Por ejemplo: Tenía un gatito de peluche con el que hablaba todo el tiempo, era mi compañero de ilusiones y desilusiones.

-O sea casi, casi como tu sicoanalista, ¿no?

-(Ríe) Algo así, sólo que yo nunca he tenido sicoanalistas. Aunque esta entrevista me parece que anda por esos caminos, porque me estás mandando al túnel del tiempo.

-¿Y cómo fue ese tiempo, fuiste feliz?

-(Se queda pensativa) No creo que exista la felicidad completa, lo que sí te puedo decir es que recuerdo mi niñez con nostalgia. También albergo recuerdos de mucha soledad, porque fui una niña bastante tímida. Eso no quiere decir que no me llevara bien con mi familia; jugaba mucho con mis hermanas. Sin embargo no tuve con ellas una relación comprometida hasta que fuimos adultas. Fue hasta entonces que descubrimos que nunca nos habíamos abierto nuestro corazón.

-¿Fuiste la típica niña que soñó siempre con ser actriz y al final del cuento alcanzó su sueño como en las telenovelas?

-Para nada, pero hubo condiciones en mi familia que me llevaron inconscientemente hacia eso. Por ejemplo, en mi casa se escuchaba mucha música. Mis hermanas y yo teníamos nuestro propio tocadiscos. Hacíamos coreografías bajando las escaleras. Bailábamos y bailábamos hasta caer exhaustas. Mi mamá también adoraba la música, le gustaban Charles Trenet, Louis Armstrong e Yves Montand. Todavía hoy, cuando tengo arrebatos de nostalgia, los escucho.

-Creo que todos sentimos nostalgia de nuestro paraíso perdido: la infancia. ¿Te sucede a ti?

Niña introvertida, pero feliz

-En cierta forma, porque aunque fui una niña introvertida, también fui una niña feliz. Me encantaba refugiarme en mis sueños. Estaba yo muy chiquita cuando esperaba con impaciencia a que terminara el día para poder ir a la cama y soñar con las hadas, seres mágicos a los que yo creía reales.

-Ya que no se te ocurrió de niña ser actriz, ¿cómo fue que llegaste a la pantalla grande?

-De niña iba mucho al cine con mi mamá; me encantaban las películas, me deslumbraban los personajes que veía, mas nunca imaginé que yo iba a estar allí algún día, todo fue sucediendo circunstancialmente. Cuando yo era joven, era extremadamente delgada, tanto como aquella famosa modelo inglesa llamada Twiggy, de tal modo que me interesé por el modelaje, me gustaba la pasarela y la ropa, era frívola e insensata (risas), pero no me fue muy bien, porque mi figura no concordaba con el gusto de la idiosincrasia mexicana. Lo más que llegué a hacer fueron unos comerciales anunciando un jabón. Un día me dieron la oportunidad de hacer un papel en la televisión, pero a la hora de hacerlo me aterroricé; me di cuenta de que no sabía hablar, es decir, hablar en términos de una actriz. Entonces pensé que tenía que estudiar y así lo hice. Tuve el privilegio de ser discípula de Carlos Ancira y de haber estado un par de años con José Luis Ibáñez. Fue precisamente en una clase con Ancira, que tuve un momento de iluminación o como lo quieras llamar y me dije: Esto es lo que quiero hacer. Fue un momento clave porque me di cuenta de que podía rebasar la barrera de la timidez. A partir de entonces me dediqué a trabajar y estudiar simultáneamente, porque tenía que mantener a mis hijos.

-¿Cuántos años tenías?

-Como 22, me casé a los 17 y cuando entré a este medio ya estaba casada, divorciada y con tres hijos. Los cinco años que estuve casada con ese marido no me interesa explorarlos, así que no vayas a husmear en eso.

-¿Te has casado muchas veces? Porque tienes cara de niña buena, pero también sé que llevas muchos matrimonios...

-(Risas) No sé que decirte, tuve relaciones que no quiero ni mencionar. Estuve casada con Juan Ferrara 11 años, pero hay otros personajes a los que no quiero ni considerar, pertenecen a otra vida.

-Bueno ¿pero cuántos maridos has tenido: 2, 3, 4...? No me digas quiénes.

-Me cuesta mucho trabajo responder a esa pregunta, porque también puedes considerar como un matrimonio las relaciones que tuviste con personas a las que amaste y no te casaste con ellas. Si me pongo a pensar en esas personas, son muchas...

-¡¿Muchas?!

-Sí, muchas. Firmar papeles no significa nada.

-Entonces has amado mucho.

-Sí, gracias a Dios.

Eterno recomienzo


-Como no es fácil hablar de amores, cambiemos de tema y hablemos de tu carrera artística.

-La carrera de actriz es un eterno recomienzo. Aunque tengas una experiencia atrás y un respaldo de tu trabajo anterior, cada nueva obra, telenovela o película, significan un reto diferente. No niego que ahora tengo más confianza en mí misma que cuando comencé. Aunque al principio (se ríe) tenía la confianza del que nada sabe y por lo tanto nada teme. Es decir, son dos tipos de confianza muy diferentes; la actual, la de mi madurez, proviene de la experiencia, la de mi juventud, de mi inconsciencia (se vuelve a reír).

-¿Cuál fue tu primer trabajo profesional, propiamente dicho?

-Mi primera oportunidad con un personaje protagónico fue en una película Siempre hay una primera vez, de Mauricio Wallerstein. Fue una maravillosa experiencia porque ahí me di cuenta de que tenía la capacidad para ser actriz. Posteriormente hice papeles más importantes, tenía como 25 años. A finales de los sesenta hice la cinta Fin de fiesta, por la que recibí el premio como la Revelación Cinematográfica del año.

-Los sesenta fueron años de mucho reventón. ¿Fuiste reventada?

-Sí, la verdad sí fui muy reventada, pero mi paso por ahí fue muy rápido. No pude darme el lujo de ser una hippie de tiempo completo, recuerda que tenía responsabilidades; tenía tres hijos.

-¿Qué película fue la que más te gustó haber hecho?

-Me gustó mucho Los perros de Dios, de Paco del Villar. El personaje tenía muchas facetas y yo recibí indicaciones mínimas del director, porque Paco confiaba en los actores y daba pocas instrucciones, de tal forma que yo tuve que crear mi personaje. El estaba acostumbrado a trabajar con el elenco que me acompañaba y se entendían hasta con una mirada, yo no estaba en ese caso y por lo tanto tuve que inventar mi personaje. Es decir, me autodirigí (se ríe traviesa) y todavía hasta la fecha, lo hago mucho.

-Recuerdo que tu película Los cachorros tuvo mucho éxito.

-Sí y mi participación fue debida a azares del destino, más bien a que había un desnudo en la película y la actriz que habían elegido no lo quiso hacer. Entonces me lo dieron a mí, porque yo no tenía problemas para hacer esa escena, curiosamente fue una de las películas que tuvo más éxito y por la cual fui muy reconocida.

-¿Es cierto que cuando filmaste la película Fox-trot, con Charlotte Rampling, ella sintió cierta envidia de ti?

-Lo que pasa es que la mujer se puso celosa porque su marido, al ver los rushes dijo que yo tenía un rostro de un millón de dólares. ¡Fíjate nomás! Ojalá que me los hubiera ganado en la vida (bromea). Y como Charlotte era la protagonista, resintió ese comentario.

-Hay que tomar en cuenta que también era la esposa ¿no?

-Sí, es un detalle muy importante.

-¿Cómo es que llegaste a trabajar con el famoso y temperamental director alemán Werner Herzog?

-También fue una casualidad. Daniel Camino, quien trabajaba en la producción de Herzog, hojeando una revista en el avión, me vio y me recomendó con él. El director me citó, yo llevaba el cabello rojo porque estaba haciendo otro personaje. El sin dudar me dijo: Te quiero pero con el cabello negro. Y fue así como hice Aguirre, la ira de Dios, un filme planeado para un bajo presupuesto, pero se convirtió en un gran éxito internacional. Para mí fue más una invitación a la aventura, pues se iba a filmar en la selva y yo me entusiasmé, porque para mí era como ir de safari, eso fue lo que me sedujo por completo: ir a la selva.

-Herzog estaba catalogado como genio y Klaus Kinsky (papá de Natasha) tenía fama de actor difícil, ¿cómo te fue con ellos?

-Para mí fue una experiencia fantástica, porque además de ir a la selva, se confabuló un equipo multirracial con el que aprendí mucho; por otra parte, Herzog era un director muy diferente a los que yo conocía, improvisaba mucho. En la noche anterior decidía lo que se iba a hacer al día siguiente. De hecho el libreto no tenía acotaciones, era como un cuento, no tenía textos; sólo contaba la historia. Así que cuando salíamos a filmar, nos daban en un pedazo de papel de estraza mal cortado, nuestros parlamentos. También se improvisaba porque estábamos sujetos a los elementos naturales; lluvias, mal clima, etcétera. Herzog, a partir de esos incidentes, iba creando el filme, por ejemplo; cuando el río creció, nuestras balsas comenzaron peligrosamente a ser arrastradas por la corriente y él aprovechó esa circunstancia para sacar una de las mejores escenas de la película.

Del cine a la televisión


-¿Cómo fue tu paso del cine a la televisión?

-Fue en 1974, después de haber hecho como 10 películas. Mi primer telenovela fue Un extraño en su pueblo con Ernesto Alonso, la dirigió Julio Castillo. Fue un reto para mí, porque yo sólo conocía la técnica del cine y la televisión implicaba una nueva forma de hacer las cosas. Mi siguiente telenovela fue La venganza, producida en 1977 por Valentín Pimstein y tuvo mucho éxito; después, en 1981, protagonicé Extraños caminos del amor donde, por cierto, trabajé con nuestro adorado amigo Antonio Valencia (q.e.p.d.). Luego dejé pasar algunos años y me dediqué al teatro. No era de las actrices que hacían una telenovela tras otra, como lo hago ahora. Como hoy en día se hacen pocas películas, la televisión pasó a ser como mi casa, y es curioso porque cuando hacía cine la idea de estar encerrada horas en un foro me parecía terrible. Finalmente me adapté y estoy muy integrada al medio.

-¿Te consideras buena actriz?

-Cuando hago las cosas siento que las hago bien, pero cuando las veo pienso que las pude haber hecho mejor y hasta me digo: Qué nefasta me vi. A veces, me he sorprendido de verme, pues según yo he crecido como actriz. Sin embargo, veo trabajos anteriores míos, muy anteriores y me sorprendo de que estaba mejor que ahora. Soy una actriz intuitiva y en general las cosas me han salido bien porque tengo la capacidad de observar. Debo decir que en mis trabajos anteriores, aunque no tuviera una técnica y siendo una novata, hacía las cosas bien porque tenía mucha intuición.

-¿Eres una mujer apasionada, iracunda, suave?... ¿Qué tipo de mujer eres en la vida real?

-Me gusta ser suave, creo que así se lleva la vida más tranquila, por desgracia y aunque no lo parezca tengo momentos en que soy muy explosiva y luego me arrepiento; no me gusta perder el control o decir cosas hirientes.

-Es difícil imaginarte iracunda

-He llegado hasta romper cosas (risas) No es habitual, pero lo he hecho. Aunque últimamente me controlo mucho más.

-¿Eres detallista?

-Soy romántica, pero mentalmente (se ríe). Soy muy mala para consentir a los demás, más bien espero que los demás me consientan a mí, siempre me quedo con las buenas intenciones de ser romántica y detallista.

-¿Ves telenovelas?

-Hubo un tiempo en que sí las veía pero ahora sólo las hago, si me sentara a verlas, sería como pleonasmo. Entonces ¿a qué hora salgo de este círculo? Es lo que te decía, como vivo interpretando la vida de otros personajes, necesito mi dosis de tiempo para hacer mi vida propia. Porque, aunque lo dudes, estar continuamente haciendo la vida de otros, te lleva a la pregunta elemental de ¿quién soy yo?

-¿Qué te gusta hacer con tu tiempo libre?

-Me gusta mucho ir al cine y lo hago indiscriminadamente, veo películas buenas y también churros, pero siempre trato de disfrutarlo al máximo. Además me encantan las palomitas, sin palomitas no tiene sentido ninguna película, también disfruto mucho de las conversaciones con mis amigos. Soy capaz de ir a desayunar con alguien y pasarme no una, sino dos o tres horas platicando. Me gusta el intercambio de experiencias con mis amigos.

-Sé que eres una mujer interesada en la lectura...

-Si, sobre todo me gusta leer acerca de temas espirituales. Me gusta leer libros sobre el mundo de la mente porque me parece más interesante que el mundo de la realidad tangible.

-¿Eres optimista?

-No sé si optimista o desvergonzada, porque a veces he aceptado proyectos a los que les tengo reservas, pero que he tenido que hacer por necesidad. De cualquier manera, trato de disfrutar en lo posible todo lo que hago aunque no esté absolutamente convencida de que sea el mejor proyecto.

-¿A quién admiras de los vivos y a quién de los muertos?

-Admiré mucho a Betty Davis, hablando de la inteligencia como belleza. Para mí, fue la actriz número uno. Hubo bellezas que me impresionaron mucho como Elizabeth Taylor o Kim Novak, me alucinaba mirándolas. De hombres, mi pasión fue Alain Delon. De artistas mexicanas siempre me gustó mucho Angélica María, cuando veía telenovelas, admiraba su gracia y su versatilidad, considero que es una actriz a la que hemos desperdiciado.

-¿Cómo te ves actualmente?

-Me veo más tranquila, ahorita que me hiciste ver para atrás, me doy cuenta de que hice cosas que antes me hubieran hecho esconderme bajo las cobijas y que ahora podría afrontar con ecuanimidad. Cuando me equivoco ya no me torturo, he aprendido a no hundirme por banalidades.

-Después de esta plática, tengo la visión de dos Helenas: una mística y otra frívola.

-(Se ríe) Pues me parece una combinación muy bonita.

-Te gusta preguntarte y leer sobre cosas profundas y también te gusta mucho comprar, yo te he visto.

-La verdad es cierto. Adoro comprar, me encantan la ropa y los zapatos. Aunque la verdad no siempre me gusta comprar para mí.

Obtenido el 28 de diciembre de 2009 de: http://www.jornada.unam.mx/2001/07/31/08an1esp.html

jueves, 3 de diciembre de 2009

La literatura, oficio donde siempre se comienza de cero: Restrepo


  • Presentaron en la FIL su novela más reciente, Demasiados héroes, publicada por Alfaguara
  • La militancia invisible y discreta de las madres en Argentina propició la caída de la dictadura, dice
  • Desde una perspectiva literaria, la escritora toca con su hijo el espinoso tema del padre


Ericka Montaño Garfias

Enviada

Periódico La Jornada

Jueves 3 de diciembre de 2009, p. 3


Guadalajara, Jal., 2 de diciembre. La literatura es un oficio en el que siempre se empieza de cero, sostiene la escritora colombiana Laura Restrepo, quien partió de ese cero para su nueva novela Demasiados héroes, con la que da un giro a su obra para decantarse hacia un texto más íntimo con fuerte carga autobiográfica, aunque sea ficción.


Demasiados héroes (Alfaguara), presentada este miércoles en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, narra la historia de Lorenza, quien en su juventud fue militante contra la dictadura Argentina, y Mateo, su hijo, quien quizá comprende esa parte de la historia de su madre pero no el abandono de su padre, uno de los dirigentes del grupo al que pertenecía Lorenza.


Al investigar el pasado, Mateo busca su identidad y romper con el silencio de la madre.


Los tiempos de hablar sólo de amor o sólo de política pasaron. En América Latina hubo como una andanada de novelas políticas, y me cuento entre quienes las hicimos, en las que de alguna manera la política pasaba sola, independientemente de la gente que la encarnaba, expresa Laura Restrepo en entrevista.


“Yo quería hablar de ese periodo en la dictadura que fue una cosa que viví, que conocí, pero quería contarla a través de las personas que lo vivieron, y creo que eso obligaba un poco a romper ese esquema de la izquierda.


“Por eso el título, Demasiados héroes, porque esta novela no se puede contar con héroes sino con seres de carne y hueso, llenos de contradicciones, de problemas, inclusive de conductas a veces absolutamente detestables.”



Resistencia clandestina pacífica


Mucho se ha contado sobre la dictadura en Argentina, añade Laura Restrepo, “pero yo tenía una experiencia que me parecía más inédita: la resistencia clandestina, pero no armada. Las armas son muy ruidosas y entonces te montas en esa epopeya de guerreros que combaten y salta sangre y hay tortura, y en esa literatura se perdían todas las medias tintas.


“Quería hablar de esa militancia invisible, discreta, humilde, que creo que en Argentina fue la que hizo que la dictadura cayera. Era la gente del montón, encabezadas por un arma más, que fueron las Madres de Plaza de Mayo.


“Por eso si bien Demasiados héroes es la historia de una madre y un hijo, también es una historia profundamente política porque quienes de verdad estuvieron a la vanguardia a la hora de desacreditar a la dictadura y de tumbarla cuando parecía inamovible, fueron las madres, y el problema de las madres era que les quitaban a sus hijos.”


En esta nueva novela, en chiquito, en individual, se repite la historia, con la paradoja de que quien le quita a Lorenza a su hijo no son los dictadores sino su compañero, el padre de su hijo. Me interesaba presentarlo en Argentina, porque sentía cierta inquietud por cómo lo iban a tomar mis compañeros de militancia.


Es con los personajes que Laura Restrepo trata de acercar a dos generaciones y, al mismo tiempo, zanja una deuda pendiente consigo misma y con su historia: lo que ocurre en la novela lo vivió la autora y a través de Demasiados héroes pudo hablar del tema con su hijo Pedro.



Interlocutor de privilegio


La historia real es como está contada, pero no estaba pensando en biografía ni en confesiones. Era un material literario como cualquier otro, pero que conocía de primera mano, indica Laura Restrepo.


Mi hijo Pedro estudia, terminó literatura y ahora cursa un doctorado; él fue mi interlocutor de privilegio para esta novela. Al escribirla se la iba mostrando y fue una manera de conversar con él de la forma en la que no habíamos podido hacerlo, porque el tema del padre era algo espinoso. Lo hablamos, pero a través de la literatura.


De alguna manera, agrega la narradora, fue un exorcismo y sirvió también para comenzar de nuevo, después de dos años de haber ganado el premio Alfaguara con Delirio, en 1994, cuando ya los reflectores no estaban sobre ella.


“Después de un primer desconcierto viene la alegría de recuperar intimidad y soledad, silencio, como que otra vez las cosas están silenciosas, el teléfono no suena, y pensé: bueno, aquí hay dos opciones, o trato de recuperar lo perdido y escribo Delirio dos, que sería una tontería, o hago una novela silenciosa, que a mí me interesa porque me implica saldar cuentas pendientes con una historia política que quiero contar, con una historia personal que conozco muy bien. Establecer un diálogo con mi hijo, y en el terreno literario también hacer un ejercicio que en particular me cuesta mucho y que creo que en la literatura latinoamericana no es el fuerte, que consiste en hablar de la intimidad.


En América Latina los escritores “hablamos de lo que ocurre afuera; tenemos gran tradición de narradores del mundo exterior, pero lo interior lo dejamos o lo asume la poesía lírica o se la dejamos a la telenovela, como si fuera algo vergonzoso, inconfesable, mientras literaturas como la anglosajona se alimentan de la intimidad, la convierten en la literatura, en gran literatura.


Por eso me costó tantos años escribirla, porque no encontraba el lenguaje, el tono; me costaba un trabajo infinito, siendo que de todas las historias que he contado es la única que yo conocía desde adentro.


Obtenido el 3 de diciembre de 2009 de: http://www.jornada.unam.mx/2009/12/03/index.php?section=cultura&article=a03n1cul

martes, 26 de mayo de 2009

Sin tregua




UNA ENTREVISTA DE MARIA ESTHER GILIO A BENEDETTI










Por María Esther Gilio


Me gustaría que empezaras por recordar tu vida en el momento en que escribiste La tregua. ¿Por qué esa historia difícil de imaginar en un escritor joven? ¿Qué edad tenías cuando la escribiste?

–No tan joven. Ya estaba casado. Tendría 25.

Hoy estarías saliendo de la adolescencia. ¿Cómo fue, entonces, que se te ocurrió esa historia?

–Yo trabajaba en las oficinas de Piria, donde estuve 15 años. Entré como pinche y llegué a gerente. En una época tenía tres empleos, y Luz también trabajaba. Claro que entonces uno podía conseguir los tres empleos. En un momento, siendo yo oficial de contaduría, mi jefe, viudo desde hacía un tiempo –un tipo muy bien, muy macanudo y muy calmo–, empezó a comportarse con una alegría de vivir que en él era desconocida. Un día yo le digo “Pero, don Diego, ¿qué le pasa que está tan bien últimamente?”.

El, para vos, era un viejo. ¿Qué edad tiene Santomé?, ¿cincuenta?

–Más o menos cincuenta. Cuando le pregunto me dice “Vamos al café, te voy a contar”. Fuimos. “Estoy enamorado –me dice–. Pero el problema es que esta muchacha tiene la mitad de mis años. Tiene 26. ¿Qué voy a hacer?” “¿Por qué no se casa?”, le digo yo.

Y volvió a enviudar.

–Eso pasa en la novela. En la vida pasó lo que era lógico, él murió antes que ella.

Me explicaste alguna vez que Avellaneda debía morir para que ese amor no fracasara.

–Sí. Para evitar el fracaso había que matar a Avellaneda. Cuando salió la novela, unas cincuenta mujeres hicieron una reunión en un apartamento de Pocitos, a la que me invitaron. Allí me reprocharon que hubiera matado a Avellaneda. Yo les decía que la había matado en beneficio de la historia de amor. En 15 años Santomé iba a ser un viejo, tal vez moriría. Qué triste. Más o menos las convencí.

Tu visión, en ese momento, era que tal diferencia de edad indefectiblemente terminaba con el amor. ¿Pensás hoy lo mismo?

–Hoy tenemos muchos ejemplos en contrario. Picasso, Alberti, Casal, Borges.

¿Cómo era Montevideo en la época de la novela?

–Estábamos en el auge del empleo público. La familia para considerarse familia debía tener un miembro empleado público.

Estaba aquella frase tuya donde decías que Uruguay era la única oficina del mundo que había alcanzado la categoría de república. Tus poemas de la oficina también son buenísimos. Pero no eras empleado público.

–Era, sí. Antes de trabajar en Piria trabajé cinco años en la Contaduría General de la Nación. En esa época, para despedir a un empleado público creo que debían reunirse las dos cámaras. Tenía que haber desaparecido con el tesoro de la nación o matado al jefe de la oficina. Despedir era casi imposible. El empleo público era la seguridad. Y este país era el país de la seguridad. La gran palabra era ésa. Hasta que vino la dictadura y todo eso se fue al demonio. Echaron, nombraron a dedo.

La tregua fue la primera novela que escribiste.

–No, la primera fue Quién de nosotros, donde la historia está relatada desde tres lugares diferentes. Son tres versiones de una relación de pareja.

Una especie de Rashomon.

–Puede ser, era la época. Hay un marido que escribe su diario, una mujer que escribe al marido una larga carta donde le dice que se va con su amigo, el de él, y finalmente, está la versión del amigo –que era escritor– y hace un cuento sobre la relación con la mujer, pero con notas al pie de página donde contradice todo lo que aparece ocurriendo en el cuento.

A Onetti le gustaba mucho esa novela.

–Sí, cuando la leyó me llamó y me dijo: “Me echaste a perder una novela que estaba escribiendo con la misma técnica”.

En Quién de nosotros tenés una estructura que facilita el camino. En cambio en La tregua te enfrentás a uno de los difíciles problemas que se le plantean al novelista: desde dónde se cuenta la historia, quién la cuenta.

–Con La tregua barajé varias posibilidades. Que contara un narrador en tercera persona, pero me pareció que para que el tema tuviera la comunicación y el calor necesarios tenía que ser el protagonista quien contara. Santomé, él sería el mejor instrumento.

Era, además, a través de él que te había llegado.

–Claro, aunque yo lo cambié mucho a él, y a las circunstancias de su vida. Le adjudiqué tres hijos, decidí que uno fuera homosexual. Un día, años después –Fiorello, mi compañero de oficina, ya había muerto–, me encontré con el único hijo que tenía. Me dijo “¿Cómo lo metiste al viejo en la novela?”. Yo nunca lo había dicho. Pero ellos se dieron cuenta.

¿Conociste a quien luego llamaste Avellaneda?

–Sí, la conocí. Físicamente no tenía nada que ver con el personaje. Y en el resto no sé. La edad sí era la misma.

En La tregua hay otros personajes.

–Esos son inventados. El amigo que viene del exterior, que me permite alguna alusión a lo político. En ese momento la situación política empezaba a mostrar fisuras. Había que hacer alguna referencia. Pero además había que meter algún personaje, describir alguna situación que pusiera un poco de aire en el relato, que lo sacara de la encerrona total. La novela no podía circunscribirse al mesurado y sobrio idilio de Santomé con Avellaneda.

En ese momento ya habías escrito cuentos. Montevideanos, por ejemplo; una novela, Quién de nosotros, y poesía. Poesía seguramente desde chico.

–Sí, desde la infancia. Las primeras las escribí en alemán porque iba al Colegio Alemán.

Qué curioso que tu padre siendo italiano te mandara al Colegio Alemán.

–Mi padre era químico y por ese lado admiraba mucho a los alemanes. Pero, estando yo en el último año de primaria, un día llego a casa y le digo “¿Sabés, papá? A partir de mañana, cuando el profesor entre a clase tenemos que saludarlo así, con la mano levantada”. Mi padre me dijo: “Te quedan 15 días para terminar sexto. Vas a ir esos 15 días pero secundaria no la vas a hacer ahí”. Estaba indignado.

Sería el año ‘32.

–Sería. Hindenburg era el presidente de Alemania y Hitler el primer ministro.

Volviendo a tu novela. Santomé, a menudo, se encuentra con Avellaneda en un café. ¿Es alguno de los cafés que conocemos?

–Sí, es ahí en el café que se le declara. El café es el Sorocabana, de 25 de Mayo. Allí escribí la novela.

No se me hubiera ocurrido. No te veo escribiendo en un café. ¿Dónde te sentabas para escribir?

–En una mesa cualquiera. Nadie me conocía. Si fuera ahora, imaginate. Pero en esa época era lo único posible. Tenía dos horas al mediodía. En lugar de irme a Malvín y volver en el 142, me iba allí, pedía un refuerzo, un café y escribía.

A mano, claro.

–Sí, a mano. Después la pasaba en la Olivetti. Varias veces, porque corrijo mucho.

¿Qué corregís?

–La historia queda. Cambio frases.

La vez pasada me dijiste que habías tirado una novela entera. Y añadiste que cuando corregís siempre es borrando, nunca agregando.

–Sigo la receta de Rulfo, que decía “La mejor autocrítica es el hacha”.

Conrad no lo dice así pero dice algo parecido, cuando proclama la austeridad, la necesaria sequedad del texto.

–Yo te voy a decir una cosa. No entiendo bien el éxito de La tregua, tiene más de 150 ediciones. No creo que sea mi mejor novela.

¿La mejor sería Gracias por el fuego?

–Tampoco. Yo creo que la mejor que escribí es La borra del café. Es la única que en algún sentido es autobiográfica. O que por lo menos lo es en el envase, pues el protagonista es totalmente inventado pero vive en los barrios donde yo viví.

¿Cuáles son esos barrios?

–Capurro –uno de los más queridos–, Malvín, Punta Carretas.

Pero La tregua algo tiene que tocar en la gente.

–Es una historia de amor. Creo que no es cursi.

Ahí está aquel diálogo de Avellaneda con Santomé donde ella le cuenta qué entiende la madre por felicidad. Esa idea menos ambiciosa, más modesta de lo que es la felicidad es posible que sirva a mucha gente.

–Algo así habrá. No sabés cuántas veces la han dado en radio, cine, teatro, televisión. A veces bien hecha, a veces mal. En Colombia, por ejemplo, hicieron una versión desastrosa. Metieron complicaciones con el narcotráfico. Yo sólo les había exigido que la ubicaran en Uruguay. Nunca imaginé que saldrían con algo así. La tregua me conquistó un público de afuera. Cuando la hicieron en televisión con Héctor Alterio y Ana María Picchio fue fantástico. A mí me gustó más esta versión que la hecha en cine.

¿Por qué te gustó menos la hecha en cine?

–Porque trasladaron la acción a Buenos Aires, además de cambiarle la época.

Transcurre en pleno peronismo.

–Lo que pusieron de cosa política no es mucho, pero ¿para qué? Yo estuve algo distanciado de Renán por ese motivo. Después, cuando se propuso hacer Gracias por el fuego me llevó a España el libreto. Le hice varias observaciones que aceptó. Pero los productores exigieron, al final, unas carcajadas totalmente ridículas que él tuvo que aceptar y nos disgustaron a los dos: a él y a mí.

Estoy segura de que, como siempre,tenés algo en prensa.

–Justamente, un libro de poemas, El mundo que respiro, un libro de un señor de 80 años.

Que trabaja como un señor de 40.

–Sí, trabajo mucho.

¿Un libro un poco amargo?

–No, más existencial, donde la muerte está más presente, menos político. También estoy preparando un libro de cuentos que tal vez termine para fin de año. Son cuentos breves.

Quizás en eso de la brevedad te influya tu trabajo con los haika.

–Puede ser. Tú no sabés cómo me divertí haciendo ese libro. Cien haika quedaron afuera.

Ahora que han pasado muchos años de tu vuelta, ¿cómo ves el exilio?

–Yo estuve en cuatro países. Cuando uno no elige irse, el irse tiene cosas muy malas. Pero también cosas interesantes. Otras historias, otra cultura, a veces otra lengua. Creo que uno madura de otra manera. Yo seguí escribiendo sobre montevideanos, esta vez exiliados, y como siempre de clase media. Esta es una limitación que no he trascendido. Todavía.


Esta entrevista fue realizada a fines de los años ‘80 y publicada originalmente en la revista Brecha.

Obtenido el 26 de mayo de 2009 de: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/subnotas/5320-917-2009-05-25.html


sábado, 21 de febrero de 2009

"Tenemos que liberar a la libertad"



El activista antimafia Luigi Ciotti señala la paradoja de que muchas personas no sean independientes


Matteo Dean
Especial para La Jornada


La historia del padre Luigi Ciotti es larguísima. Su rostro apenas muestra sus 62 años. Sonríe por instinto al encontrar a una persona que no conoce. Se dirige con el a quienes sean los que encuentra y alarga la mano, como por respeto al original signo de paz. En 1966 fundó el Grupo Abele, que se ocupa hasta la fecha de asistir a menores reclusos y a víctimas de las drogas. En 1972 se ordenó en el sacerdocio. En 1986 fue el primer presidente de la LILA, Liga Italiana de Lucha contra el Sida. En 1993 publicó el primer número de la revista mensual Narcomafie, que hoy es punto de referencia ineludible acerca del tema de las drogas y su tráfico. En 1998 recibió la licenciatura honoris causa en ciencias de la educación por la Universidad de Bolonia. Definitivamente la vida de este hombre llenaría páginas de libros enteros por las ideas que se generan de tanta experiencia de lucha social en las calles.

Invitado por la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) a ofrecer su punto de vista en el contexto de las Jornadas de Reflexión sobre Violencia y Seguridad que se llevaron a cabo en la sede de los obispos en Cuautitlán Izcalli, los pasados días 2, 3 y 4 de febrero, el padre Ciotti acpta la entrevista con este reportero.

Explica el interés de la CEM por la asociación Libera, la otra gran empresa de Luigi Ciotti, creada alrededor de la lucha en contra de la mafia.

–¿Qué es Libera?

–La asociación Libera es una realidad transversal que reúne a mil 500 asociaciones en toda Italia. Todo esto porque el contraste a la criminalidad, a la ilegalidad y a las mafias no puede ser nada más judicial; es decir, el gran trabajo generoso de las fuerzas del orden. Es necesario también que se involucre la llamada sociedad civil... Digo así porque todo mundo, hablando, se define civil. Yo prefiero decirle sociedad responsable; es decir, que asume su cuota de responsabilidad. La sociedad civil hoy es como el agua mojada, una bandera que todos pueden utilizar, inclusive aquellos que están en la ventana mirando nada más, muchos que juzgan y hablan, un mundo de opiniones, inteligencias iluminadas, todos saben lo que tienen que hacer los demás... Quizás es el caso de meternos a hacer cosas nosotros. Recuerdo las palabras de (Rocco) Chinnici, el juez asesinado por la mafia en 1983: sin una nueva conciencia, nosotros solos nunca podremos ganar.

Ciotti recuerda a Norberto Bobbio al tratar de explicar la visión de Libera. El filósofo liberal italiano decía que la democracia vive de buenas leyes y de buenas costumbres. La ley, añade el sacerdote italiano, debe responder a las necesidades de los seres humanos, de todos, no solamente de una parte. Pero, afirma, se necesitan también buenas costumbres. Tomar conciencia que el cambio somos nosotros, que el cambio nos necesita. De tal manera que, explica Ciotti, exigimos al Estado y a las instituciones con claridad, sin descuentos, sin compromisos, que hagan su parte. Nosotros vigilamos, tenemos que ser una espina en el flanco (del poder) con propuestas.

La asociación Libera nació el 25 de marzo de 1995. Ciotti subraya que esta historia viene de lejos, porque en 150 años de mafia en nuestro país siempre ha habido también una antimafia; es decir, sociedad, personas y organizaciones que se han opuesto a ella. Pero, afirma, esta voluntad antimafia en muchas ocasiones ha sufrido la falta de continuidad, la emotividad del momento seguida por la desilusión.

Es por esto, explica, que surge Libera, para tratar de dar continuidad al esfuerzo de la sociedad responsable.

–¿Cuáles son las propuestas concretas de la asociación?

–Libera tiene tres propuestas fundamentales. La primera es la de confiscar los bienes de los mafiosos, quitarles su patrimonio y regresarlo a la sociedad. Entonces, confiscación y uso social de estos bienes. Con la actual ley se han incautado alrededor de 9 mil propiedades; algunas ya se entregaron a la sociedad, que ya las utiliza.

–¿Por ejemplo?

–En algunos casos, sobre todo en las tierras embargadas en el sur del país, se han creado cooperativas productivas que ofrecen trabajo verdadero. El proyecto se llama Libera Tierra. Funciona, aunque a veces llegan las amenazas.

El padre Ciotti vive con escolta policiaca desde hace algunos años y habla con mucha confianza del tema. “Justamente en estos días han llegado amenazas a una de nuestras cooperativas.

“Para la mafia, la bofetada es doble: por un lado le quitas su patrimonio, por el otro ven cooperativas con jóvenes de su territorio... le quitamos consenso social.

Regresamos la dignidad; es decir, la libertad a estas tierras y a su gente, afirma Ciotti. Aquí la primera violencia es la pobreza, la falta de oportunidades, la dependencia.

–La segunda propuesta...

–Un gran elemento es el conocimiento, tenemos que ofrecer y ofrecernos informaciones. Debes conocer para actuar, para intervenir, para volverte responsable. Entonces hay un gran trabajo en las escuelas. Hoy, 60 por ciento de las universidades italianas tienen firmado un convenio con Libera para realizar encuentros, pero también de cursos para licenciaturas y para maestrías.

–¿Qué importancia tiene la memoria?

–Esa es nuestra tercera propuesta. El 21 de marzo es el Día del Compromiso y de la Memoria. Tenemos el deber de multiplicar nuestra acción mediante el recuerdo de los que se fueron antes. Nos acordamos siempre de los asesinados famosos, casi nunca de los demás. Hemos logrado conformar una red de familiares y amigos de las víctimas de la mafia.

Libera reúne asociaciones y grupos de toda Italia. Entonces le preguntamos si es cierto que la mafia existe solamente en Sicilia, en el sur de Italia.

“Quizás aquí (en México) sea impropio hablar de mafia... escuché hablar de cárteles. Creemos que no podemos pensar que la mafia es un problema solamente de algunas áreas geográficas. Nosotros siempre les recordamos a los que en el norte (de Italia) dicen que ahí la mafia no existe, que sólo es problema del sur, que las mafias invierten donde hay dinero.”

Explica que el tercer lugar de bienes confiscados en Italia es la ciudad de Milán, el centro financiero del país, en el norte.

En este sentido, esta crisis económica, que antes que todo es una crisis política y ética, tendrá otras consecuencias. La mafia se aprovechará del sufrimiento de tantas familias y de tantas pequeñas empresas: prestarán dinero, harán favores, penetrarán en la sociedad aún más.

–En México, el año pasado se registró un alto índice de asesinatos por la llamada guerra contra la criminalidad. En Italia el fenómeno ha disminuido sensiblemente en años recientes...

–En Italia efectivamente la mafia asesina mucho menos que en otros periodos. Pero no hay que ilusionarse. Los jueces italianos advierten que hay que estar atentos: estos son datos que pueden distraer, porque la disminución de homicidios cometidos por la mafia corresponde en realidad a mayor capacidad de penetrar a la sociedad y de control sobre la misma.

–¿Cuál es el sustrato en el que se apoya la criminalidad?

–Hay una ilegalidad difusa detrás de la incidencia del crimen. Con eso quiero decir que podemos hablar de la gran criminalidad organizada, de mafia, pero tenemos que estar atentos de no llenarnos la boca con grandes palabras, repetir los datos que existen y que tienen que preocuparnos. Que todo eso no se vuelva coartada, un pretexto detrás del cual esconder nuestra responsabilidad y que nos impida reflexionar acerca de las otras formas de ilegalidad que no producen ruido, que no molestan a nadie.

–¿Por ejemplo?

–Acabo de ver los datos mexicanos, pero en Italia estamos en el lugar 55 de los índices mundiales de corrupción. Entonces digo que hay desatención y hasta complicidad de la política en todo esto. Hay gran incidencia de crímenes de los llamados de cuello blanco; es decir, de los políticos y de los hombres de negocios.

–¿Qué es la seguridad?

–Hoy hay un gran debate acerca del tema. Un debate que simplifica la cuestión y que sólo busca consenso electoral. El derecho a la seguridad es fundamental, pero los primeros que tienen esos derechos son los últimos de la fila: los más pobres. Entonces, la seguridad es antes que nada la salud, la educación, la casa, el trabajo; ésta es la primera seguridad que nos merecemos, y la primera defensa frente a la inseguridad es la verdad.

–¿Cuál es su relación con la Iglesia?

–He elegido trabajar con mundos distintos. Siempre he creído que cada quien debe dar su propia contribución en la construcción de la justicia y de caminos de libertad. Evidentemente también dentro de la Iglesia alguien se puede molestar porque dice que esto es tarea de la política, es un compromiso social, no es tarea de nosotros. El cristiano no puede ser espectador de la historia, al contrario, debe asumir sus responsabilidades frente a lo que sucede. Es bueno que la Iglesia se interese en estos temas. Es bueno también que se produzcan documentos, pero los compromisos no pueden quedarse sólo en el papel, deben convertirse en carne, deben traducirse en la realidad. San Mateo decía que buscáramos el reino de Dios y su justicia, esto significa que tenemos que salvar el cielo, pero también la tierra. Necesitamos de una Iglesia que sepa leer los problemas en la tierra y juntarlos con los elementos más espirituales.

–¿Quién es Luigi Ciotti?

–Soy una persona pequeña, pequeña, pequeña, pequeña. Hago todo lo que puedo y señalo a todos la necesidad de crear las condiciones de libertad para las personas.

Concluye diciendo que vivimos una paradoja: Tenemos que liberar a la libertad del mal uso que se hace de ella. Hay demasiadas personas en nuestras sociedades que no son libres.


Obtenido el 21 de febrero de 2009 de: http://www.jornada.unam.mx/2009/02/21/index.php?section=sociedad&article=032n1soc