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martes, 4 de noviembre de 2008

En Tamazunchale, el Día de Muertos se transforma en la fiesta del maíz


Celebración en la Huasteca Potosina

■Con danzas y máscaras se celebra el Xantolo, que es cuando las almas bajan a convivir con los vivos

■ Dos días antes y dos días después de la fecha se realiza en la milpa el ritual denominado tlamanes

■ Es una forma de demostrar cómo agradecemos lo que la tierra nos da, dice un habitante de Chilocuil


José Carlo González (Enviado)

Tamazunchale, SLP, 1º de noviembre. Cada año, en la huasteca potosina, con la llegada de Xantolo (fiesta de los muertos) se marca el fin del ciclo agrícola en las diferentes comunidades de esta zona. Días antes o después de esta fecha se efectúa el ritual del maíz o tlamanes, manifestación comunitaria y popular profunda y antigua.

El 31 de octubre los habitantes de la comunidad de Chilocuil representaron una parte de la ceremonia que, en la milpa, dura alrededor de dos días, pero que en la cabecera municipal realizan en aproximadamente hora y media para que los habitantes de la zona urbana conozcan “la costumbre” indígena nahua.

“Hacemos la fiesta para agradecer que ya tenemos maíz, que tenemos para comer de la milpa”, comentó Epifanio Robles González, al término del ritual, realizado frente al palacio municipal, junto a un local donde se desarrolla un concurso de ofrendas; a un lado se instala un tianguis de flores de cempasúchil. Las actividades son organizadas por la Casa de Cultura local, dirigida por Pedro Acosta.

Robles es el anfitrión y dueño de la milpa donde originalmente se llevó a cabo el tlamanes, y resume que para la fiesta, en su comunidad, se invita a varios compadres para que le ayuden a realizar la primera pizca de maíz. Para esto, las mujeres preparan desde un día antes un par de patlaches, unos tamales grandes elaborados con un gallo y una gallina enteros, animales que fueron sacrificados de forma ceremonial.

Ya en el sitio donde se realiza la primera cosecha se ofrenda aguardiente, se truenan cohetes y se entierran, entre otras cosas, los corazones de las aves que rellenaron el tamal, ambientados todo el tiempo con música de un trío huasteco que, para la ocasión, es conocido con el nombre de “canarios”.

Con las primeras plantas recolectadas, el padrino y algunos de los invitados hacen el tlamán, un amarre de 14 círculos de mazorcas de donde saldrán las semillas que serán usadas en el próximo periodo de siembra.

De regreso, en el interior de la casa, las mujeres hacen una muñeca de maíz que representa a la virgen; la visten y le ponen collares, mientras los hombres en el patio hacen la elocruz (cruz de mazorcas), para que un par de niños realicen las primeras danzas, que duran toda la noche. Las representaciones de la cruz y la virgen son colocados o sentados en el tlamanes, que es colocado en el centro de la habitación como altar principal.

En la plaza, los habitantes de Tamazunchale observan la representación de los momentos del fin del ciclo agrícola; los habitantes de Chilocuil comparten en medio de la calle el patlache ceremonial. “Venimos a mostrarles cómo agradecemos lo que la tierra nos da”, concluye Epifanio, en medio de una lluvia pertinaz.


Xantolo

Desde el 31 de octubre, los habitantes de la huasteca tienen la creencia de que Toteco, nombre nahua de dios, abre las puertas del inframundo para que las almas de los muertos regresen a convivir con sus familias.

Los preparativos comienzan desde tiempo atrás, con las primeras ofrendas a San Miguel, el 29 de septiembre, y una semana antes del Día de Muertos, con la “bajada” de máscaras, para que las comparsas realicen la danza de los huehues.

En Chapulhuacanito, comunidad cercana a la cabecera municipal, se realiza el camanale, una plática en nahua donde se habla de la tradición en señal de relación de amistad del pueblo, donde la fiesta empieza la víspera del Xantolo, que es cuando los viejos piden permiso a las almas de sus difuntos para que la fiesta se lleve a buen término; se convive y se comparten los alimentos.

Ya para el 31 de octubre, en las casas de las diferentes comunidades se construyen los altares, que se llaman arcos, donde se colocan tamales, pan, atole, café y “un traguito” de aguardiente; se les ha dispuesto a las almas un camino de flor de cempasúchil, desde las veredas hasta las entradas de los hogares. El 1º y 2 de noviembre cualquier visitante es bienvenido, pues se considera que es el pariente difunto que ha regresado y se le invita con los alimentos de la ofrenda.

Durante los tres días se celebran danzas de huehues o coles, que dependiendo de la zona se ejecutan con máscaras de plástico o madera; el primer día se enfatiza en los que fallecieron de forma no natural, como accidentes; el segundo, en los infantes muertos, y el tercero en los adultos.

La fiesta concluye en algunas zonas con una danza, donde se baila encima de los arcos. Las máscaras son guardadas en un tapanco, de donde volverán a sacarse el próximo año.


Publicado en el diario La Jornada el 2 de noviembre de 2008. Obtenido en esa fecha de: http://www.jornada.unam.mx/2008/11/02/index.php?section=espectaculos&article=a06n1esp.


El Día de Difuntos



Ángeles González Gamio
gonzalezgamio@gmail.com


Así titula Guillermo Prieto, notable escritor, periodista, político y en algunos momentos valeroso guerrero, una deliciosa crónica publicada el 7 de noviembre de 1849 en el diario El Siglo XIX, en la que habla de los festejos de estas fechas en la ciudad decimonónica. Mucho de lo que platica sigue vivo en muchos sentidos. Para constatarlo vamos a transcribir algunos párrafos: "En este día en que tanto lidia un ministro de Hacienda, cuando aun no tiene entrañas de ministro; en que tanto pespuntean las modistas, en que venden tanto las floristas y los cereros y en que disparatan a su sabor los copleros, forjando risas sarcásticas de calaveras, y yendo y viniendo con aquello de la nada, y lo carcomido, y el polvo, etcétera, en este día, digo, se pone en planta aquella blasfemia de que vivir es gozar y aquello de que la vida se pasa a tragos.

"El Día de Difuntos es uno de los que da más que hacer a los vivos, excepto a la policía que suele pertenecer a las sombras; hay movimiento general y se pudiera decir alegría, si no recordase su fin a los diputados no relectos y a los capitulares que no tuvieron la suerte de ascender como por escala a la curul. Varios días antes del día de finados, se recomponen las lápidas de los sepulcros, cosa muy del agrado de los doradores y grabadores y comerciantes en mármoles; se agolpan las gentes en la casa de la señora Audifredi, mandando hacer coronas y arcos para los sepulcros de los niños...

"La parroquia y el cementerio son el lugar de reunión; apiñase la gente en remolino turbulento; el gentío se agrupa y se dispersa en busca de los sepulcros de los antepasados, encienden las ceras y ostentan sus ofrendas, que consisten en frutas, bizcochos, dulces, y a veces el refocilador aguardiente, que atiza el fuego lúgubre de los fieles..."

Como vemos, las cosas no han cambiado mucho, aunque ahora sólo sea un sector de la población el que continúa guardando esas tradiciones, sin embargo, es interesante advertir que la costumbre de colocar un ofrenda ha tenido un renacimiento y ahora vemos en inumerables sitios públicos estos bellos y coloridos conjuntos en que se mezclan flores, velas, alimentos, bebidas, imágenes, papel picado y toda una parafernalia que según los creyentes va a atraer el espíritu de los muertos, con el fin de degustar sus viandas y bebidas preferidas y convivir con los seres queridos que aún permanecen en este mundo. También han tomado auge las calaveras, esos versillos rimados que hacen mofa o gracejadas de las amistades o los personajes públicos.

Para confirmar lo dicho, mencionaré sólo algunas de las ofrendas que se pueden ver estos días en la ciudad: No hay que perderse la del Claustro de Sor Juana, que cada año levanta magistralmente la pintora y restauradora Laura Arellano, con monjas coronadas de tamaño natural. Como siempre, está dedicada a la ilustre poeta. También vale la pena la que instala el Museo Anahuacalli de Diego Rivera, que este año cuenta con la participación del estado de Chiapas, que muestra sus usos y costumbres para esta celebración.

Es importante transmitirles a los niños el gusto por estas tradiciones, ya que son elementos que dan un sentido de identidad y pertenencia, importantísimos en estos tiempos de globalización y violencia. Para ellos hay, en el Centro Nacional de las Artes, talleres para armar una ofrenda en miniatura, decorar una tumbita de yeso y se podrán disfrazar de catrinas y sus acompañantes. En el Zócalo, además de ver la gran ofrenda, pueden hacer la suya.

Parte fundamental de estos festejos es la gastronomía, así es que si van al Zócalo les propongo ir después a la tradicional Hostería de Santo Domingo, situada en Belisario Domínguez 70, que los recibe a la entrada con una bonita ofrenda, saborear un buen mole con arroz y frijolitos y de postre su calabaza en tacha; hay que apurarnos antes de que se nos adelanten los difuntos.


Publicado en el diario La Jornada el 2 de noviembre de 2008. Obtenido en esa fecha, de: http://www.jornada.unam.mx/2008/11/02/index.php?section=opinion&article=035a1cap



lunes, 13 de octubre de 2008

Diez pasos para hacer una calavera


Uno. La tradición de escribir “calaveras” no se pierde en la noche de los tiempos, como gusta decir a los folcloristas. Se trata más bien de un desquite satírico que por lo regular se compone de uno o más cuartetos rimados, dirigido a un personaje específico y reconocido por la comunidad a quien su lectura va dirigida. Y como el nuestro es un país donde la “libertad de expresión” se continúa escribiendo entre comillas, la fecha de la festividad de Muertos y Todos santos, viene como anillo al dedo para ejercer la malicia de matar en vida, precisamente, a los vivos que nos incomodan. Generalmente son cuartetos que pueden lucir a manera de epitafio o que bien nos encantaría que se leyeran sobre las tumbas de los aludidos.

Dos. Para escribir una calavera no hay ser, en el sentido estricto de la palabra, un poeta de barba y bigote; digamos que todo se queda en sostener las habilidades y el ingenio un buen versador. Basta la herramienta del lenguaje pero siempre aplicada con el sentido de la malicia. A los aludidos se les mata con gracia y se manifiestan los defectos o los atributos más sobresalientes del personaje en cuestión. Suponer cómo morirá un gordo, por ejemplo, no tiene más ciencia que recurrir a uno de los siete pecados capitales (de los que marca la tradición católica) que en este caso se trata de: la gula. Al gordo se le puede matar vía hambre o exceso de alimentos. Cuando se trata de personajes de la vida pública es más sencillo recalcar sus defectos o errores mejor delineados.

Tres. Una vez definido el nombre (personaje) hay que devanarse un poco los sesos para encontrar la infamia. Pongamos un ejemplo. Hugo Chávez o el comandante Fidel Castro son personajes afines al escarnio popular, la manera en que conducen sus gobiernos o dictaduras dan mucho pasto donde puedan solazarse las ovejas de la broma, de la maledicencia. Hay pues que definir el tema, ¿vamos a mencionar la aparente inmortalidad del militar cubano? O quizá el versador quiera decantarse por un aspecto del físico del comandante. Personaje e infamia son los dos primeros ingredientes para escribir una calavera; aunque la simpatía bien puede quedar en lugar de la inquina.

Cuatro. Ya tenemos los elementos básicos para comenzar a trabajar los versos de una calavera. Ahora viene el trabajo de mesa. ¿Se trata de escribir cuatro versos cuyas palabras finales rimen la del primero con el tercero y la del segundo con el cuarto? Ah, es un poco más sencillo de lo que se lee. En los talleres de poesía, es común que los alumnos quieran rimar con el auxilio de los verbos, es lo más fácil y no requiere de muchos artificios con el lenguaje: terminando/caminando, bebiendo/oliendo. Pero el lector ya nota una primera incomodidad que a la postre le resultará en cansancio; es que nadie aguantará, por muy jocosa que resulte la situación, una lista de gerundios. Ah, entonces…

Cinco. Las rimas no tienen por qué ser rigurosamente idénticas con las últimas terminaciones de la palabra final de cada verso. Aquí aplica, por ejemplo: “0sa”/”Rosa”. Para ello el lenguaje demuestra que se trata de un ente abstracto que bien aplicado tiende a crear imágenes en cada lector. Que una computadora me lo iguale y entonces la humanidad está lista para evitarse el riesgo de pensar, de crear. Pues bien, gracias a la sonoridad y la cadencia de las lenguas latinas, las rimas pueden equilibrarse con sus vocales y omitir las consonantes: “Chávez”/ “Llaves”.

Seis. Ya hemos visto que para rimar no es necesario acudir a los verbos, pero sí conocer las palabras y acomodarlas a todas sus posibilidades de lectura. Pero entonces supongamos que nuestra calavera no sólo va a ser leída, sino expresada. Una manera de cuadrar a la perfección un cuarteto versado es componerlo con treinta y dos sílabas, repartidas en ocho sílabas por verso. Hay que echar mano de algo divertido porque requiere la capacidad numérica, además de la competencia de lenguaje: la métrica.

Siete. La métrica, como todo arte, está llena de mañas y exquisiteces. ¿Cómo es posible que una historia tenga cabida en tan sólo treinta y dos sílabas? Lo es. Sólo como ejemplo, acudamos a un poema de Mario Benedetti: No lo creo todavía/ estás llegando a mi lado/ y la noche es un puñado/ de estrellas y alegría. A que sí. Ahora cada lector ejercite su memoria y pruebe con estrofas de canciones o versos rimados.

Ocho. La maña más exacta y perfecta de la métrica aplicada al idioma español tiene un punto de partida esencial, se conoce como “Ley del acento”. Todas las palabras que empleamos poseen una sílaba fuerte y las restantes son débiles. Cuando las palabras se tildan (acentúan) hay que tomar en cuenta que para medirlas igualan, pierden o ganan una sílaba. Muy rápido, la “ley del acento” aplicada a la métrica es muy clara: a las palabras esdrújulas se les resta una sílaba, las palabras graves no sufren alteraciones en relación con el verso; a las palabras agudas hay que sumar una sílaba.

Nueve. Si al verso rimado con métrica se le etiqueta de “arte menor” sólo habrá que acudir a las composiciones del Siglo de Oro y allí nos percataremos que si bien el arranque es matemáticas aplicadas a la lengua, el resultado es sorprendente.

Diez. No tome en cuenta estos pasos. Busque a su personaje favorito y mátelo. Total, que por escribir “calaveras” no se concursa para obtener el premio Cervantes.

Tomado del blog Asterisco y subrayados. Obtenido el 13 de octubre de 2008, de: http://asteriscoysubrayados.blogspot.com/2007/10/diez-pasos-para-hacer-una-calavera.html

La calavera rimada


Francisco Barradas


Arrímense a conocer Las Calaveras rimadas
Que se van a entretener
Con esta picante versada.

La calvera consiste
En dar muerte figurada
A lo que sin servir persiste
O nos cae de la patada.

Y tú que eres tan bueno
al baile irás con Catrina
destino este es eterno

la Flaca no discrimina.

Tampoco se salvarán
del pase de guadaña

actrices y aun Supermán

si la Calaca se ensaña.

Así que vivan contentos,
un mismo fin nos espera,
gocen del buen momento

que nos da la Calavera.

La calavera es un género mexicanísimo de poesía satírica. Es impreciso determinar cuando nace, pero sí su brote definitivo, a fines del siglo 19 e inicio del 20.

La poesía satírica mexicana nace por el influjo de la cultura española, predominante tras el arribo de los conquistadores a inicios del siglo 15. Para entonces, los habitantes de la península ibérica tenían ya más de 100 años lanzándose críticas y burlas bien rimadas.

Entre toda esa poesía satírica que divierte a los españoles - ejercicio del ingenio popular que también ocupó a grandes plumas, como la de Francisco de Quevedo- hay un antecesor directo, y éstas son las Danzas de la Muerte.

Estas danzas son una tradición medieval no exclusiva de España; hay registro de ellas particularmente en Francia. Las danzas de la muerte fueron una expresión literaria ante las muertes de millones tras las pestes de los siglos 12, 13 y 14.

Las danzas de la muerte o danzas macabras eran poemas que solían representarse teatralmente. En un principio, tenían un motivo cristiano moralizante. Luego, adquirieron un sentido mordaz y crítico, que denunciaban los excesos de la propia curia y la injusticia general del sistema establecido.

El tema de la danza de la muerte era siempre la descripción de la hora final para los personajes que integraban la sociedad. La muerte pasaba a visitarlos, llevándolos a un baile siniestro para ponerlos en el más allá.

El siguiente, es un extracto de una danza macabra del siglo 14, reproducida por Julio Rodríguez Puértolas, en Poesía crítica y satírica.

A la danza mortal venir los nacidos
que en el mundo son, de cualquier estado:
el que non quisiere, a fuerza e amidos

fazerle he de venir muy toste e parado…

Desde reyes hasta el más pobre artesano, todos eran llevados a la danza de la muerte. Esta “democracia de ultratumba”, es la conexión entre ese género del siglo 14 con la mexicana calavera.

La calavera mexicana, dice Juan Domingo Argüelles, es una “revancha contra los que en vida siempre ganan”.

Con la calavera se manda al panteón al más “vivo” o al que saca ventaja de los otros. Regularmente consiste en estrofas octosílabas. Castiga al político, al rico y en general, a quienes burlan la ley con la ley en la mano.

Se formaliza como género periodístico a finales del siglo 19, durante el porfiriato. Las hojas volantes que circulaban- por el Día de Muertos, 2 de noviembre- imprimían rabiosos versos contra el dictador Porfirio Díaz y los de su gabinete.

También se dedicaban calaveras a personas comunes, recordando con sarcasmo y humor, que todos moriremos o como dice esta estrofa del impresor y editorialista Antonio Vanegas Arroyo:

Es una verdad sincera
Lo que nos dice esta frase
Que sólo el ser que no nace
No puede ser calavera

Colaborador de Arroyo fue José Guadalupe Posadas, ilustrador al que puede atribuirse la popularidad de las calaveras. Dibujante magistral, con dotes para comunicar ideas políticas, Posadas definió hace un siglo la que prevalece como imagen gráfica de la calavera: esqueletos desempeñando el papel de personas vivas. Aunque la calvera se mantiene vigente, el género muestra signos de debilitamiento.


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Tomado del sitio El Tecolote Online! Obtenido el 13 de octubre de 2008, de: http://news.eltecolote.org/news/view_article.html?article_id=8a60a2aca3e941a88679b337155f8342

Manifestaciones culturales asociadas a la muerte




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El concepto de la muerte y sus prácticas rituales fueron reinterpretadas en la conformación de la sociedad mestiza que hoy es México. Las costumbres nativas fueron enriquecidas con las importadas y viceversa. La convivencia de gente de distintos colores de piel, con sus diferentes sentires y quereres, todos sujetos a un esquema dominante de creencias, entretejió el enjambre de tradiciones que caracteriza a nuestra cultura popular.
Desde los tiempos coloniales, las costumbres de los grupos étnicos sujetos al dominio de los españoles fueron consideradas como transgresoras de las creencias cristianas. Las danzas, mitotes, jácaras, mojigangas de indios, negros, chinos y mestizos de todos los colores fueron perseguidas por la Inquisición. "... En un corrincho de hombres y mujeres, se cantó a dos voces y con risas de los concurrentes el verso siguiente:
/A San Miguel te pareces/
/en el ombligo/
/porque tienes debajo/
/al enemigo/
Su contenido de crítica política, sátira religiosa y erotismo atentaba contra las "buenas costumbres".
Eran las diversiones del populacho, que después de las albores diarias se reunía alrededor de fogatas para entonar coplas rimadas que hacían mofa de las autoridades, satirizaban las políticas oficiales, transmitían los acontecimientos del vecindario, los delitos en fin, los sucesos diarios. Entre una población analfabeta en su inmensa mayoría, era el medio más ágil para comunicar los eventos del interés popular. En todo el folklore mexicano están presentes las danzas acompañadas de coplas, de humorísticos duelos verbales hombres, entre dos hombres, entre un hombre y una mujer, un anciano y un joven o entre grupos musicales. De esta tradición popular salieron también las llamadas Calaveras versos rimados que se escriben para el Día de los Difuntos jugando con las palabras y los aconteceres haciendo pasar a los vivos por muertos. Epitafios satíricos hacen mofa de los acontecimientos y sus protagonistas: los políticos, las autoridades, los chismes del barrio o pueblo, el alza de precios, los servicios públicos, las catástrofes naturales, etc.
Los relatos de aparecidos y almas en pena que narran los mayores en estos días, es otra vieja tradición oral que viene transmitiéndose para mantener vivo en la memoria el retorno de los muertos a este mundo.
"Esto sucedió hace pocos años en una ciudad del interior del Estado. En la víspera del Día de muertos, María pidió permiso a sus padres para asistir con sus amigas a un baile de Halloween. Le concedieron el permiso pero le dijeron que, antiguamente, la gente no acostumbraba salir por las noches y menos asistir a los bailes en esos días, pues estas fiestas son una falta de respeto a las ánimas, que según se cree rondan la comunidad. María no tomó en serio estos comentarios y se fue al Halloween muy contenta. Allí conoció a un joven bien parecido, atento y caballeroso, pero con un aire de misterio que por la luz tenue y el sonido estridente de la música no logró descifrar. Los jóvenes bailaron y bailaron hasta el cansancio.

Pasada la medianoche, el muchacho le comentó que venía de un largo viaje e iba a partir, invitándola a acompañarlo . María se olvidó de todo y de todos, y aceptó la invitación. Pidieron un taxi y se dirigieron con rumbo al poniente de la ciudad, hasta llegar a una casona con muros y rejas grandes, donde el ruido y las risas indicaban que también había fiesta. Se bajaron y el misterioso jóven le pagó al chofer... Fue la última vez qe se vio a aquella feliz pareja.
Al día siguiente el taxista cayó en la cuenta de dos cosas: el dinero con que le pagaron eran billetes sin valor desde hacía mucho tiempo, y aquella casona era... el Cementerlo General.
Los refranes y dichos revelan con su sabiduría popular que a pesar de la muerte ineludible, la vida continúa:
Unos aluden a la valentía de los yucatecos ante la muerte, otros hablan de ella con ironía, con temeridad o con un sentido lúdico:
  • /El que por su gusto muere que lo entierren parado/
  • /Cuando entierren a mi suegra, que la entierren boca abajo para/
  • /cuando se quiera salir, se vaya más pa' abajo./
  • /El arrimado y el muerto a los tres día apestan./
  • /El muerto al pozo y el vivo al gozo./
Nuestros poetas y compositores también han visto en la muerte una fuente de inspiración. Luis Pérez Sabido tiene un poema llamado "A la Muerte", que comienza parafraseando a Elvia Rodríguez Cirerol (1941-1998):
Muerte trovera, jaranera muerte.
Muerte trovera, jaranera muerte, bulliciosa y romántica calaca, tu
esbeltez se perfila entre la suerte de botellas y golpes de alpargatas.
Muerte trovera, jaranera muerte, penetrante y sensual voz de
guitarras tu profundo cantar rítmico y fuerte tiene acordes de notas
descarnadas.
Muerte trovera, jaranera muerte, sólo así, de colores quiero verte
junto a mí en la hora convenida.
Muerte trovera, jaranera muerte, un día tomarás mi cuerpo inerte
para hacerlo gozar en la otra vida.

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Fragmento del documento Hanal Pixan: alimento de las ánimas, de Valerio Buenfil, Teresa Tamayo y Juan Carlos Rodríguez. Publicado en el sitio del Centro Regional Universitario de la Península de Yucatán, integrante del Sistema de Centros Regionales de la Universidad Autónoma Chapingo. Obtenido el 13 de octubre de 2008, de: www.crupy-uach.org.mx/descargar.php?p=aW1nL2lkZW50aWRhZC9kb2Mv&f=MTQ0 -